Emulando a la perfecta ama de casa

La perfecta ama de casa se llamaba Ana Teresa Cifuentes, una señora que sin despeinarse un solo cabello de su enlacado peinado, salía por la televisión todas las tardes de mi niñez venezolana  preparando recetas de fácil elaboración para mujeres culinariamente inexpertas.

Su arte en la cocina iba siempre acompañado de consejillos propios de épocas de antaño, sobre cómo hacer feliz a un marido cansado o sobre cómo complacer a través de la comida a unos hijos insatisfechos. Un éxito.  No en vano su programa estuvo, tras su estreno en 1953, unos 25 años en la parrilla de la televisión.

El caso es que, inexplicablemente, hoy me ha venido a la cabeza su nombre de batalla “la perfecta ama de casa”, mientras intento hacer maravillas con las cosas que tengo en la nevera sin recurrir a la ayuda de Google sino a mi propia creatividad.

Y es que en realidad, esto de ser “la perfecta ama de casa” más que un estereotipo anticuado, es, una misión imposible, ya que además del tiempo y de buena voluntad también se necesitan ganas, cosa de la que yo ando muy escasa en estos días.

¿Qué pensaría Ana Teresa de mi, si me viera en mis años universitarios pegando con Superglue los bajos de mis pantalones, mientras se me quemaba la pechuga de pollo en la sartén? Seguro que se llevaba las manos a la cabeza, exclamando “¡vaya juventud!”.

Pero no todo está perdido. Contra todo pronóstico, la perfecta ama de casa ya no necesita el recetario de la abuela.  Una buena ama de casa de hoy en día sólo necesita dos cosas: Escoger un buen compañero de “batalla” con el que repartirse las labores domésticas y en la cocina, es suficiente como  un poco de imaginación y la ayuda de unos aparatos estupendos que venden, capaces de hacer de todo menos la compra.

A una mala, siempre puedes sintonizar el programa de cocina de Carlos Arguiñano. ¡Cómo han cambiado los tiempos mi querida Ana Teresa!, ahora son los hombres los que entre chistes enseñan a amos y amas de casa a defenderse entre los fogones.

Quien lo diría, hoy en día, los perfectos amos de casa son aquellos que puede compaginar su vida profesional y laboral, sin perderse ninguna de las dos cosas.

Super hombres y super mujeres capaces de mantenerse perfectos, a pesar de estar cansados y capaces también de tener siempre tiempo para preguntar cómo ha ido el día.  En fin, sigo con lo mío, con Ana Teresa en el recuerdo pero con el firme convencimiento de que, a pesar de los pesares, me he ganado con creces el título de super mujer. Aunque a veces me siento tentada a comprar sopa de sobre y seguir arreglando la ropa con Superglue.

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